THE WORKER Nº 2, jun. 1996 — órgano del Partido Comunista de Nepal (Maoísta)

 

n INTERNACIONAL

 

Lucha de dos líneas en el PCP

 


Una fuerte lucha de dos líneas que se libra dentro del Partido Comunista del Perú desde hace algún tiempo ha atraído la atención de los revolucionarios de todo el mundo. Ya que el PCP es un miembro participante del MRI y la guerra popular dirigida por ese partido desde 1980 sobre la base del marxismo-leninismo-maoísmo está a la cabeza de todos los movimientos revolucionarios del mundo de hoy, una lucha de líneas que afecta la misma continuación de esta guerra popular y que a simple vista es manipulada por las reaccionarias clases dominantes del Perú y su principal puntal externo, el imperialismo yanqui, naturalmente debe ser motivo de seria preocupación para todos los revolucionarios marxista-leninista-maoístas y particularmente aquellos afiliados al MRI.

Es bien sabido que el Camarada Gonzalo, Presidente del PCP, fue capturado por el régimen reaccionario de Fujimori en el punto más alto de la guerra popular, en septiembre de 1992. Un año después, en octubre de 1993, mientras el Camarada Gonzalo era mantenido en estricto confinamiento en solitario, Fujimori hizo un dramático pronunciamiento de que había una propuesta del Camarada Gonzalo de un acuerdo de paz con el régimen reaccionario. El CC del PCP rápidamente lo denunció como un completo montaje y una patraña, y a partir de eso nadie tomó en serio el pronunciamiento de Fujimori. Sin embargo, cuando un grupo de dirigentes del PCP encarcelados salió con una propuesta similar de acuerdos de paz y sostuvo que el Camarada Gonzalo concordaba con ésta, mientras el Camarada Gonzalo seguía mantenido incomunicado, el asunto asumió serias proporciones. Entretanto el grupo de dirigentes encarcelados hizo pública su propuesta a través del documento “Asumir y combatir por la nueva decisión y la nueva definición” y presentó una “propuesta de 11 puntos” bosquejando sus términos y condiciones para las negociaciones de paz, suscitando un debate público sobre esta cuestión. Ya que el CC del PCP y el Comité del MRI ya han condenado la línea y propuesta de estas negociaciones de paz como línea oportunista de derecha y propuesta capitulacionista, se ha hecho más fácil para todas las fuerzas revolucionarias adoptar una clara posición sobre esta cuestión.

Los comunistas revolucionarios no niegan las negociaciones de paz o los compromisos en sí mismos. Los cambios en la situación objetiva, las vueltas y revueltas de la lucha revolucionaria, las relativas fortalezas y debilidades de los campos en contienda, etc. pueden requerir cambios en la estrategia y la táctica del Partido. Los ejemplos de los tan citados tratado Brest-Litovsk con los imperialistas alemanes por los comunista rusos, de las negociaciones de Chungking con Chiang Kai-shek por los comunistas chinos, o la famosa Gran Marcha, están ahí para verlos. Pero los comunistas revolucionarios siempre negocian la paz o hacen compromisos con el campo contrario, o hacen retiradas temporales, para mejorar las perspectivas de la toma final del Poder por el proletariado, sin renunciar a los intereses fundamentales del pueblo. Pero el caso de los defensores de los acuerdos de paz en el PCP parece ser justamente lo contrario. Su “propuesta de 11 puntos” para negociaciones de paz deja muy en claro que quieren deshacer el ejército revolucionario, desmantelar las bases de apoyo revolucionarias y regresar a la posición de 1980 (es decir, a antes del inicio de la guerra popular) dejando a las masas populares a merced de los gobernantes fascistas, sólo para liberar a algunas personas de la cárcel. ¡Este es un claro caso de vil rendición y cobarde capitulación y no de ‘negociaciones de paz’! Sus vanos argumentos de cambios en la situación objetiva en la forma de viabilidad del capitalismo burocrático (¡como si el carácter del imperialismo y el capitalismo burocrático hubieran sufrido un repentino cambio después de 1992!), etc., y en la situación subjetiva en la forma de ‘falta de dirección’ para conducir la guerra (¡como si el CC que dirige la guerra exitosamente hasta ahora no existiera!), no convencen, no son ni lógicos ni ciertos, y suenan a mera apología de la rendición. También su propuesta de acabar la guerra (¡no un cese al fuego temporal o una retirada de determinadas áreas!) y comenzar desde cero en un distante futuro va contra los fundamentos de la teoría militar marxista-leninista-maoísta sobre la guerra popular, que no puede llevarse a una conclusión victoriosa simplemente acabándola y comenzándola a voluntad. En este contexto, las detalladas críticas del Comité del MRI y de la Unión de Comunistas de Irán (Sarbedarán) (véase Un Mundo Que Ganar, Nº 21) merecen ser leídas esmeradamente por todos.

Aunque por lo general las cuestiones de lucha de dos líneas dentro de un Partido dado es mejor dejar que sean resueltas por el Partido en cuestión, los revolucionarios no pueden permanecer como espectadores silenciosos cuando la lucha se centra alrededor de cuestiones ideológicas y políticas más amplias con implicaciones universales como en el caso de ésta. Para los revolucionarios nepaleses que acaban de embarcarse por el sendero de la guerra popular, las experiencias del PCP sobre tales cuestiones tienen una relación directa y una mayor importancia. En este contexto, no puede haber sido más oportuna la reciente ‘campaña Perú’ lanzada en diferentes ciudades de la India, incluyendo Delhi, Bombay, Madras, Calcuta, Ludhiana, etc., en la que intelectuales revolucionarios como Raymond Lotta de los EU, Hisila Yami de Nepal y otros dieron discursos sobre la lucha de dos líneas en el PCP y exigieron romper el aislamiento del Camarada Gonzalo.      n